Hay veces en nuestra vida, en las que tenemos que reconocer que dependemos totalmente de alguna persona de nuestro alrededor. Nuestra niñez se la dedicamos a nuestros padres, colgadonos de ellos hasta que llegamos a la adolescencia, en la que, queramos o seguimos dependiendo de ellos pero no lo admitimos. En cambio, si que decimos mil y una veces que no podriamos vivir sin nuestros amigos, sin sus tonterias y sin sus soluciones a tus chorradas.
Y de ahí en adelante, y casi siempre negandolo, somos totalmente dependientes de ese él o ella, que nos hace sonreir si sonrie, llorar si llora, y ser totalmente feliz cuando se te acerca y te besa, te roza o te abraza. Vivimos dependiendo de alguien, y si no lo has encontrado, lo encontrarás.
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